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martes, 20 de noviembre de 2012

20 De noviembre: día del Psicólogo

Por Neverg Londoño Arias

El 20 de Noviembre de 1947, el Consejo Directivo de la Universidad Nacional de Colombia, presidido por el Dr. Joaquín Estrada Monsalve, Ministro de Educación Nacional, y el Dr. Gerardo Molina, Rector de la Universidad, aprobó el acuerdo 231, por medio del cual se creó el Instituto de Psicología Aplicada, que inició labores en el año 1949, encargándose de la formación de los primeros psicólogos de Colombia. Era evidente que algo pasaba en la familia, la ciudad, el país y el mundo en aquellos momentos de la historia para que la academia respondiera a estas necesidades inmediatas, de ayuda y acompañamiento.
Al año 1947, en el país, confluía toda una serie de eventos psicosociales generados por la violencia política con el enfrentamiento de los partidos políticos. A nivel mundial el caos reinante necesitaba la orientación de la gente nueva.
Después de dos guerras mundiales se gestaba un reacomodamiento en la nueva repartición del mundo; había desesperación, angustia y todas las sinrazones juntas. La constante de los conflictos en lo doméstico y lo mundial, era el poco respeto por la persona humana apoyado en el desconocimiento del otro, el que vive y piensa diferente. 
La generación anterior había fracasado, al ser incapaz de heredar paz y felicidad. La necesidad latente consistía en ayudar a las personas a buscar soluciones prontas a sus problemas comportamentales para que la vida no continuara siendo un despropósito sino un alentador camino hacia la tranquilidad, desde la perspectiva del cambio personal y social. La psicología podía ser una buena propuesta.
La Psicología parte de la Filosofía y encuentra su entronque en la Psiquiatría. Por cuestión de método, rompe con la Psiquiatría y con la Farmacología. Como ciencia, hace uso de la investigación orientada a facilitar el desarrollo humano en los diferentes espacios en los cuales le corresponde actuar con el único propósito de facilitar una mejor calidad de vida. Por las características de su método y su objeto, la Psicología y el Psicólogo “pertenecen privilegiadamente al ámbito de la salud”.
La Psicología trabaja los procesos mentales desde el discurso, la palabra, el verbo, desde las disciplinas conductista, humanista, analista y transpersonal.
Al aparecer la Psicología en Colombia se va desarrollando el proceso de consolidación de la profesión amarrada a las corrientes europeas y norteamericanas. La Ley 1090 del 6 de Septiembre de 2006: entra a reglamentar el ejercicio de la profesión y a dictar el Código Deontológico y Bioético. 
Para ejercer la Profesión de Psicólogo en Colombia, se requiere acreditar formación académica, idoneidad profesional y la Tarjeta Profesional expedida por el Colegio Colombiano de Psicólogos. El ejercicio profesional debe responder a las exigencias del medio social, en cuanto la Psicología clínica, organizacional, industrial, política, social, del trabajo, del deporte y legista. El campo de acción se extiende a la enseñanza, la asesoría; la evaluación, diagnóstico, pronóstico y tratamiento de las disfunciones personales en los diferentes contextos de la vida y el dictamen de conceptos, informes, resultados y peritajes.
El campo de acción puede ser individual o con la integración de equipos interdisciplinarios, desde el cumplimiento de las normas vigentes y los principios éticos que regulan la profesión.
Más allá de las formulaciones académicas y legales debe contarse con reconocimiento, aceptación y espíritu de servicio. Se puede considerar que hay algo para dar, algo que ha sido dado por la generosidad del universo para construir un poco de felicidad a quien acude en busca de una palabra de aliento para continuar el camino asignado por la vida.

Tomado de El Diario del Otun. http://www.eldiario.com.co/seccion/OPINION/20-de-noviembre-d-a-del-psic-logo121119.html

viernes, 28 de septiembre de 2012

¿Por qué entra sueño después de comer?

Las “caídas del sistema” que sufrimos tras una opípara pitanza pueden ser responsabilidad directa de la glucosa, que hace descender en el hipotálamo los niveles de oxerina, una clase de proteínas cuya misión es mantenernos alerta. El pasado mes de junio, Denis Burdakov y su equipo de investigadores de la Universidad de Manchester, en Inglaterra, demostraron que incluso una subida casi imperceptible de glucosa disminuye sensiblemente la actividad neuronal. Por eso, si quiere seguir despierto deberá evitar las comidas ricas en carbohidratos o grasa; en cambio, mantendrá los ojos bien abiertos tras un banquete de proteínas. Hay, no obstante, voces discrepantes. Según Eduard Estivill, director de la Unidad de Alteraciones del Sueño del Instituto Dexeus de Barcelona, esta sensación de sueño simplemente responde a la necesidad de descansar tras ocho horas de vigilia.

Dormir con la televisión encendida puede causar depresión



Dormir con la luz o la televisión encendidas aumenta el riesgo de depresión, según revela un estudio de la Universidad Estatal de Ohio (EE UU) presentado en el último encuentro anual de la Sociedad Americana de Neurociencia en San Diego.

En sus experimentos, el investigador Rand Nelson y sus colegas trabajaron con 16 hamsters, de los cuales la mitad durmió en absoluta oscuridad mientras los demás eran expuestos cada noche a un nivel de luz equivalente al que produce el brillo de un televisor encendido en una habitación a oscuras (5 lux). Ocho semanas más tarde, los animales que nunca dormían a oscuras habían visto modificado su estado de ánimo, desarrollando depresión. Cuando los investigadores examinaron sus cerebros comprobaron que en la zona del hipocampo observaron que tenían una menor densidad de vellosidades (espinas dendríticas) en las neuronas que quienes dormían sin luz, lo que implica que la comunicación entre sus células nerviosas se habría visto reducida. Según Nelson, los resultados sugieren que el nivel de luz óptimo que necesita el cerebro de los mamíferos para descansar es sorprendentemente bajo.

Los investigadores asocian los efectos de la exposición a la luz a una hormona llamada melatonina, que se produce cuando el cuerpo detecta la oscuridad. Entre otras cosas, la melatonina regula el ritmo circadiano, nos ayuda a conciliar el sueño y actúa como antioxidante. Si hay demasiada luz ambiental, el cuerpo podría producir cantidades de melatonina inadecuadas.

¿Qué lleva a un niño a suicidarse?. Análisis psicológico

Dos casos registrados esta semana, en el Tolima y en el Valle del Cauca, prendieron las alarmas sobre este fenómeno, que el año pasado cobró la vida de 193 menores de edad.

La infelicidad y el sufrimiento son las principales razones que llevan a un niño a tomar la decisión de quitarse la vida.  / 123 rf
La infelicidad y el sufrimiento son las principales razones que llevan a un niño a tomar la decisión de quitarse la vida. / 123 rf

¿Qué tiene en la cabeza un niño de cinco años que se suicida (como lo registra el informe de Medicina Legal Forensis 2011)? El año pasado, 193 menores de edad entre los 5 y 17 años decidieron quitarse la vida. ¿Qué los llevó a tomar esa decisión?

Quizás una de las personas en Colombia que más conoce el tema es Miguel de Zubiría Samper, director de la Liga Colombiana contra el Suicidio Infantil y autor del libro Cómo prevenir la soledad, la depresión y el suicidio en niños y jóvenes. Zubiría dice que los cerca de diez años que ha investigado este fenómeno lo han llevado a una conclusión: existen dos razones fundamentales que llevan a una persona a tomar esta decisión.

“Detrás de los mil motivos que un niño tiene para suicidarse —desde perder una materia hasta la separación de sus padres o sentirse gordo— hemos encontrado dos causas muy precisas: la primera es la infelicidad en el sentido estricto de la palabra”.

Asegura que en Colombia hay un número “enorme” de niños y adolescentes que se sienten muy infelices porque no tienen buenos amigos, o porque su colegio les parece aburrido, o porque se sienten solos. Incluso, se atreve a calcular que un 50% de los jóvenes en nuestro país está llevando una vida infeliz.

“Si no hay fuentes de felicidad (así los papás piensen que la felicidad está en un televisor en el cuarto, en un ipod o en una camiseta nueva), cualquiera de los mil motivos que mencionamos pueden disparar ese pensamiento de que la única opción es suicidarse”, dice.

Y hay una segunda causa: el sufrimiento. “Existe un gran dolor sicológico al perder a tu mamá, a tu papá, al sentirte feo... hay mil fuentes posibles de sufrimiento. Y ese dolor es tan severo que el niño o el joven o el adulto —no hay ninguna diferencia— piensa que la única manera de eliminarlo es acabando con su vida”.

Según De Zubiría, la pregunta de fondo en estos casos es: “¿Por qué hay millones de niños tan infelices y por qué sufren tanto por cosas que a nosotros nos parecerían idioteces? Ese es el cuestionamiento que hay que resolver, y para eso hay que preguntarse también qué está pasando en las familias y en los colegios, que no estamos preparando a los niños para que aprendan a sufrir”.

Dos suicidios ocurridos esta semana en Mariquita, Tolima, y en Jamundí, Valle del Cauca, pusieron en evidencia un recrudecimiento de esta problemática.

El más reciente fue el de Brigit Lorena González, de 14 años. Un disparo al aire enfrente de sus compañeros de colegio fue la primera alerta. Luego, con el mismo revólver calibre 38 apuntó a algunos de ellos y, de inmediato, una crisis nerviosa empezó a contagiarlos. Una crisis que estalló cuando, después de fallidos intentos de diálogo con ella, Brigit apretó el gatillo una vez más. Su estómago recibió el impacto y su muerte fue inevitable.

El otro fue el domingo en horas de la tarde. Un menor de 12 años, en el sur del Valle del Cauca, decidió ahorcarse después de un regaño de su mamá.

Y tal vez, como lo explica Luis Alberto Ramírez, médico siquiatra de niños, unas de las principales causas son los altos de niveles de ansiedad en la infancia y su vulnerabilidad a un entorno social cada vez más complicado.

“Hay un promedio de 37% y 40% de niños y jóvenes con grados críticos de ansiedad. Eso es lo que están experimentando en una sociedad donde los lazos familiares se han debilitado y las relaciones giran en torno a un consumo desfasado”, dice. A ello se suman el miedo al fracaso y el temor hacia el futuro. En suma, una desesperanza agobiante.

Según este especialista, la incomprensión de los padres es otro factor que tiene graves consecuencias. “Lo peor que se puede hacer cuando un niño dice que se va a matar, es retarlo”. Para Ramírez, hay temporadas peligrosas, como el final de un año escolar, cuando, si no se cumplen las metas propuestas, es posible que haya momentos de crisis.

“Ahí lo mejor que se puede hacer es escuchar y presentarles momentos amables. Los padres deben entender que los niños tienen diferencias intelectuales y que no todos tienen la misma capacidad”, afirma.

Redacción Vivir | 
El Espectador. 19/09/12